1 Febrero 2010
Una de las críticas habituales a los índices de citas, y en general a todo el entramado de la evaluación de la ciencia es el escaso peso que se otorga a los libros. En general, en ciencias, los libros apenas contienen investigación original, son más bien un compendio de conocimientos expresados previamente a través de artículos científicos, pero en ciencias sociales, y especialmente en humanas, los libros son el principal (o un muy importante) cauce de expresión de los investigadores.
Curiosamente Google Books, el programa de digitalización de libros de Google proporciona una función quizá no concebida en un principio, y es que otorga a los investigadores la posibilidad de buscar las citas que sus trabajos han recibido desde este conjunto de monografías. Si bien no siempre se tiene acceso al lugar exacto desde el que se ha citado nuestro trabajo, esta herramienta es un buen complemento a la hora de buscar indicios de calidad para los investigadores que quieren saber la relevancia que sus trabajos han tenido en las monografías. Con Google Books se pueden obtener las citas que un libro (o un artículo, o una tesis, o cualquier otro material) ha recibido desde otros libros, dato éste que no nos ofrece ninguno de los sospechosos habituales; ni Web of Science ni Scopus (aunque éstos sí nos permiten saber las veces que un libro ha sido citado desde las revistas que recopilan).
Hay quien puede pensar que esta función ya nos la daba Google Scholar, sin embargo los universos de Google Scholar y de Google Books son diferentes (el primero busca materiales académicos en la web, el segundo, en los libros que digitaliza merced a a cuerdos con editores y bibliotecas) por lo que si bien puede haber algún grado de solapamiento, son herramientas complementarias.
Por aquí os dejo un caso tomando como ejemplo a Emilio Delgado. Fijaos que nos permite buscar las obras de las que es autor, y también las que lo citan. Lo mismo podríamos hacer con un determinado trabajo, Elegimos la segunda opción. Podeis pinchar en la imagen para hacer la misma búsqueda.

Ahora fijaos en los comandos que usa google; los resultados, todo hay que decirlos, no son perfectos, pero nos ayudan a extender una búsqueda documental con material publicado en libros, lo cual a muchos investigadores le vendrá muy bien para acreditar su calidad ante los organismos evaluadores.

Espero que haya sido de utilidad. Y para saber más,
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11 Enero 2010
Hace sólo u
nos días, a finales de 2009, la OCLC ha hecho público un estudio exploratorio en el que se acerca a los diferentes sistemas de evaluación nacional de la investigación en 5 países (Reino Unido, Irlanda, Australia, Dinamarca y Holanda) y, específicamente, al papel que las bibliotecas académicas juegan en dichos procesos.
El informe es muy introductorio y se basa en entrevistas a diferentes personas con relevancia en estos procesos de evaluación, desde vicerrectores de investigación, gestores, administradores y evaluadores de la ciencia a bibliotecarios con responsabilidad en estas lides. Lo que me gustaría destacar no es en sí el contenido del informe, sino la importante señal que lanza un organismo tan reputado como la OCLC, y que apunta a que las bibliotecas académicas deben participar en estos procesos.
En el estudio se mencionan explicitamente diversas áreas donde la biblioteca puede aportar su experiencia: los repositorios institucionales, la bibliometría, el ecosistema de la publicación científica o lo relativo al uso de metadatos. Esto va muy en línea con lo que estuvimos hablando hace unos días, las bibliotecas académicas tienen nuevos roles ante sí, relacionados con la evaluación de la investigación; pueden convertirse en consultores de los investigadores, a la vez que en asesores de los burócratas de la ciencia.
Este informe es también una llamada de atención a las bibliotecas, para que comiencen a pensar en el papel que pueden (y deben) desempeñar en los sistemas de evaluación de la ciencia. A decir por el rol que ocupan en este momento, su participación dista de ser relevante en los países analizados (y es inexistente en España, por cierto). Sin embargo, el establecimiento de repositorios institucionales y temáticos cada vez más visibles y la creciente dependencia de los indicadores bibliométricos para todo lo relativo a los procesos de promoción profesional y distribución de fondos para investigar, deben convertir a la biblioteca en un actor de peso en los sistemas de evaluación científica de los organismos públicos.
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Key Perspectives Ltd. A Comparative Review of Research Assessment Regimes in Five Countries and the Role of Libraries in the Research Assessment Process. Report commissioned by OCLC Research, 2009.
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20 Diciembre 2009
Una de las cuestiones que más suelen obsesionar a bibliotecarios y documentalistas es el control de la información; usamos lenguajes documentales, tesauros, encabezamientos de materias, está bien regulado en las distintas clasificaciones como introducir el nombre de un autor, sus variantes, los signos de puntuación que deben acompañar una referencia bibliográfica, los encabezamientos de autoridades. Los catálogos bibbliotecarios, y en general las bases de datos gestionadas por bibliotecarios son ejemplos de la extrema pulcritud en el control de la información que dispensan los profesionales de la información.
Sin embargo, cuando acudimos a otros entornos documentales, donde el volumen de información que se maneja es tan inmenso que no es posible ejercer control documental exhaustivo sobre los registros, la situación cambia, los bibliotecarios tiemblan, y los usuarios se pierden. El fascinante mundo de la información no controlada.
Un ejemplo; una base de datos de producción científica, WoS o Scopus, que procesa cientos de miles de registros anualmente. Además de la falta de control en campos como autor o institución, encontramos errores en la indización, motivados probablemente por fallos en el escaneado de documentos, o en algún otro proceso del vaciado de los documentos por la base de datos.

¿Deben ocuparse los bibliotecarios, al igual que en sus catálogos, de asegurar que esa información es correcta, veraz, sin errores? Yo creo que sí. Dificilmente un investigador se va a encargar de escribir a los productores de una base de datos (o repositorio, donde se puede dar el mismo problema) para corregir alguno de estos errores. En mi opinión los bibliotecarios académicos pueden centralizar esta labor de data curation sobre la producción científica de su institución en bases de datos documentales. Los beneficios son evidentes; mejora la recuperación de información y otorga más visibilidad a nuestra institución. La mayoría de bases de datos tienen cauces para comunicar errores, erratas o sugerencias sin demasiadas complicaciones. Sólo hay que usarlos.
Ésta es sólo una de las cosillas que me hubiera gustado contar en las jornadas profesionales de las bibliotecas del instituto Cervantes, hace un par de semanas en Madrid, y que me perdí por culpa de la niebla granadina y de la escasa diligencia de Ryanair. Podéis ver la presentación que tenía previsto mostrar en ec3noticias, y descargarla en la web de ec3.
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Cabezas-Clavijo, Á. ¿Quién se ha llevado mis citas? Nuevos roles del bibliotecario en la práctica científica. En II Jornada Profesional de la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes: El profesional de la Información ante los nuevos retos. Madrid, 10 diciembre 2009
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11 Noviembre 2009
Esta es poco más o menos la propuesta que nos hace el Instituto Cervantes en su última obra, El español: lengua para la ciencia y la tecnología una recomendación cuanto menos inquietante para un científico (noticia en Público; nota de prensa en SINC).
La premisa de partida es que el español es un idioma infrarrepresentado en materia de ciencia y tecnología por lo que se hace necesario fomentar y estimular la publicación científica en este idioma. Los autores además no sólo recomiendan que se publique en español, sino que además aconsejan que se cite a los investigadores españoles que publican en el mismo idioma. Dice la coordinadora de la obra, Verónica Vivancos que debería estimularse el compañerismo entre los científicos españoles para que sus obras tengan más relevancia. Ahí queda eso.
No creo que sea muy científico eso de citar a la gente según el país del que provenga o el idioma de lo que escribe; pero igual estoy equivocado. Según otra autora, Montaña Cámara, la sociedad sólo lee en español y, para que el país avance, se debe producir en español, pero esto no se valora, por lo que propone la creación de... ¡un índice de impacto! internacional, alternativo al famoso ISI, de Thomson Reuters, ese no vale porque la mayoría de las revistas están escritas en inglés.
Es falso que no se valore la publicación en español. Se valora en las disciplinas con un patrón de publicación nacional, pero, claro, no se valora igual publicar en el boletín del barrio que en una revista que cumple ciertos criterios de calidad. Hay varios índices de impacto y bases de datos que ordenan revistas según sus criterios de calidad: IN-RECS; IN-RECJ; DICE, RESH,...Eso lo saben ya todos los investigadores españoles (al menos los investigadores que investigan) y se las tienen que ver con algunas de las agencias evaluadoras como ANECA o CNEAI (puedes echar un vistazo a los criterios que usan en sus evaluaciones). Incluso hay listados internacionales alternativos al ISI que pretenden reconocer la calidad de las publicaciones locales en Humanidades, como ERIH o este nuevo proyecto multinacional, liderado por Ben Martin.
No sé si el índice que proponen los autores sería aplicable a todos los campos del saber. Igual habría que preguntarle a médicos, químicos, matemáticos o biólogos que piensan de ello; si les apetecería publicar sus mejores artículos en español, para que sólo lo pudieran leer los castellanoparlantes, y además según la misma lógica, que los autores alemanes publicaran en alemán, o los suecos en su lengua materna, seguro que la ciencia avanzaba mucho más rápido.
En fin, no dudo que la ciencia en español deba tener más visibilidad de la que tiene; la mejora de la calidad de las revistas españolas, junto al fomento de la publicación electrónica de las mismas y el establecimiento de políticas open access son excelentes medidas a fomentar, muy alejadas del provincianismo de las opciones que proponen los autores de la obra (o al menos de las que se ha hecho eco la prensa; no he podido leer el libro, no está disponible para su consulta y descarga a través de la web).
--- Martinej en La ciencia en castellano da una visión muy acertada, histórica y complementaria del asunto, con atención al tema de la lingua franca de la ciencia.
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7 Octubre 2009
Supongo que a estas alturas ya estareis al tanto de la iniciativa la ciencia española no necesita tijeras, impulsada desde el blog Irreductible. La idea es que a través de las diferentes herramientas de la web 2.0 todo el que quiera, muestre sus razones ante los recortes en presupuestos de I+D que se plantean para el próximo año. Estos días atrás he compartido bastantes enlaces a través de las redes sociales, dando cuenta de lo que iba sucediendo. Los recortes, que en principio se plantearon en torno al 30%, finalmente se quedarán entre un 10-15%. Podeis seguir todas las entradas realizadas con motivo de este dia en la web central del proyecto, y en twitter con la etiqueta #TijerasNo.
Más allá de las ideas políticas, los recortes en ciencia son un tremendo error. Ya no se trata de cambiar de modelo productivo (eso sería imposible ahora aunque se duplicasen los presupuestos en I+D) se trata de mantener los logros alcanzados en los últimos años. Las sociedades con mayor gasto en I+D también son aquéllas con mayor nivel de bienestar.
La cultura de la investigación se ha instaurado en las universidades, y aunque más lentamente también lo hace en los hospitales. Más dinero no significa mejor ciencia, pero seguro que las posibilidades aumentan. Creo, como Álvaro Roldán, que se trata principalmente de gastar con más eficiencia, pero dudo que con recortes del 15% eso sea factible.
Para hacer mejor ciencia hacen falta más y mejores científicos pero también personal de soporte a la investigación, administrativos que gestionen viajes y facturas, sí, pero también técnicos que agilicen procesos, que reduzcan la carga burocrática del sistema y que liberen a los investigadores de buena parte de las tareas no investigadoras a las que deben enfrentarse cada día. La solicitud de proyectos de investigación, a justificación de una partida para comprar ordenadores o el pago de una traducción de un artículo científico son algunos de los quehaceres diarios de los investigadores; hacen falta personal de laboratorio, analistas de datos, informáticos, traductores o documentalistas. Todas estas personas forman una red de soporte que ayuda a hacer más eficiente la actividad científica.
Dudo que con los recortes en gastos corrientes se vaya a conseguir la mejora de los resultados de nuestro sistema científico, que basándose en los conteos de publicaciones algunos sitúan triunfalmente en el noveno puesto mundial.
Por todo ello, y porque este año DEBO encarrillar mi tesis doctoral, la ciencia española no necesita tijeras.
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Otros blogs documentales que se han sumado a la causa: ANB, Bibliometría, Javier Leiva, Bibliovirtual, Infobiblio
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28 Septiembre 2009
- continuación de Cómo se comunican los investigadores (I) -
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Seguimos con el estudio Communicating knowledge: How and why UK researchers publish and disseminate their findings, en esta segunda parte del post abordamos los aspectos relativos a la citación y las implicaciones para la evaluación de la investigación.
Respecto a la citación el informe detecta por un lado que las revistas están limitando el número de referencias a incluir en los textos por lo que los investigadores se ven obligados a "seleccionar" (aún más) a quíén citan. Así prevalecen las citas emitidas a las mismas revistas donde se publica el trabajo o a otras de alta consideración en detrimento de revistas de impacto limitado o circulación más restringida.
Además de las motivaciones para citar (o no) a otros autores, ampliamente debatido en la literatura del campo, se revisa si la disponibilidad del material (acceso online) influye en lo que se cita. Aunque varía según disciplinas, es muy destacable que un tercio de los investigadores en Biomedicina y Ciencias de la Vida declaren que este factor tiene una influencia alta en su comportamiento al citar, hecho que afecta especialmente a los investigadores más jóvenes. En Humanidades este porcentaje es apenas de un 14%. Citar sólo lo que se tiene accesible es un riesgo evidente, ya que reduce los límites de la ciencia a una cuestión de visibilidad y de page rank. Está por ver si es una tendencia que se confirma (Evans, 2008 [pdf]) o no (Lariviere et al, 2009 [pdf]).
Las citas a libros parecen que también descienden con el tiempo. Los autores del artículo lanzan la hipótesis de que esto puede estar relacionado con el presupuesto destinado a monografías en las bibliotecas académicas, pero también puede estar vinculado a la disponibilidad de tiempo necesaria para leer un libro, mucho mayor que la que se necesita para un artículo. ¿Nos hemos instalado en una cierta cultura de la pereza respecto a las fuentes de información?
Un capítulo aparte merece la evaluación de la investigación y cómo esto afecta al comportamiento de los investigadores. En ciertas disciplinas las directrices de las agencias financiadoras de la investigación y de las propias instituciones académicas empujan a los investigadores a publicar en modos que no les son naturales. Por ejemplo, en otros formatos (los capítulos de libros son poco valorados en comparación con los artículos en revistas de impacto) o en revistas de más alto impacto de las que acostumbran a usar, a expensas de que los resultados de investigación tarden más tiempo en publicarse y por lo tanto en ponerse a disposición de otros investigadores y de los profesionales. Esto es especialmente relevante en las áreas de investigación aplicada.
Sin embargo, esta estrategia de publicación va en beneficio de la carrera académica, del prestigio entre los pares y de las opciones de alcanzar más financiación para continuar investigando (contratar a becarios, asistir a reuniones y conferencias, comprar equipos tecnológicos,...). En definitiva, mensajes contradictorios y muchas veces, dilemas de difícil resolución para el investigador que se ve obligado a jugar con unas reglas que no siempre son las más adecuadas para el progreso de la sociedad.
El estudio, utilísimo a mi parecer, pone de manifiesto la incertidumbre y la inquietud de los investigadores ante los modelos de evaluación de la actividad científica (especialmente los bibliométricos), y su acatamiento, aunque a regañadientes, de los sistemas impuestos por las agencias (por los políticos). Los últimos años han traido nuevos cauces de difusión de la investigación - open access y web 2.0 -, que están siendo aprovechados por parte de los científicos, sin embargo, el reconocimiento y las recompensas a los investigadores se siguen asignando por las vías tradicionales de la ciencia académica.
Los investigadores, pues, están a expensas de los políticos, mal que les pese.
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24 Septiembre 2009
Se ha publicado esta semana un informe que se adentra en los distintos aspectos que influyen en la comunicación científica de los investigadores británicos, principalmente en sus motivaciones y estrategias de publicación y citación y los factores que la afectan. El trabajo, Communicating knowledge: How and why UK researchers publish and disseminate their findings, realizado por la RIN (Research Information Network) es de una solvencia absoluta y además incorpora elementos originales que lo diferencian de otros estudios de esta índole, comenzando por el enfoque múltiple de su metodología y continuando por algunos de los elementos que analiza. Huelga decir que si bien el estudio se circunscribe a las islas británicas, muchos de sus resultados son muy aplicables a nuestro país. Como hay varios aspectos que quiero comentar de este informe voy a trocear este post en dos, no vaya a ser que nos atragantemos con tanta ciencia de una sóla vez.
La primera parte del informe RIN se dedica a los hábitos de publicación de los investigadores. Sobre los medios para difundir la investigación, se constata la creciente importancia del artículo científico incluso en áreas como Ciencias Sociales y Humanidades donde el canal de comunicación dominante siempre ha sido (en mayor o menor medida) el libro. La publicación en repositorios open access es mucho más valorada en Ciencias que en Humanidades. Los propios investigadores en física o matemáticas ven en gran medida como la publicación en repositorios les da a conocer a mayores audiencias y acelera la difusión de sus trabajos. En Humanidades parece que se comienza a andar ahora ese camino, lentamente. Como curiosidad, los investigadores apenas le dan importancia a canales como blogs, foros u otros medios electrónicos de comunicación informal ya que sólo un 12% le concede algún tipo de relevancia a la hora de difundir investigación.
También se detecta una tendencia ascendente en cuanto a la colaboración entre instituciones así como a la colaboración internacional, lo que deriva en el aumento del número medio de autores por trabajo (algo que también hemos comprobado en el informe que acabamos de presentar para la Región de Murcia). Del mismo modo se percibe un cambio de hábitos en el comportamiento de publicación determinado en gran parte por las políticas de evaluación y las decisiones que se toman a la hora de repartir los fondos para investigar (esto lo veremos en la segunda parte del post).
Uno de los aspectos novedosos que estudia el informe es el orden de firma de los autores en los trabajos científicos, algo que llevamos tiempo analizando en ec3 (por ejemplo, en relación a la presencia de España en Nature, Science y otras; Jiménez-Contreras et al, en prensa [pdf]), así como los distintos hábitos por disciplinas. Ya que, habitualmente, no todos los autores de un artículo han colaborado de la misma manera en la investigación que da lugar a su publicación, la posición en la cadena de firmantes es un factor que nos ayuda a entender el peso de cada autor en un trabajo. Si bien la importancia de los firmantes en primer y último lugar queda fuera de duda en la mayoría de disciplinas, en Matemáticas o Humanidades el orden alfabético es lo más habitual, independientemente de quien haya aportado la mayor parte del trabajo. También se aprecian curiosidades, como que en Psicología el autor principal sea el primer autor en el artículo, pero en Psiquiatría éste sea el último. Además el informe muestra datos de cómo se decide el orden de firma de los trabajos según disciplinas y lanza la recomendación de que las agencias e instituciones editen guías de buenas prácticas y recomendaciones al respecto.
En el siguiente post resumimos los hábitos de citación de los investigadores británicos y cómo las políticas de evaluación (en especial, las basadas en indicadores bibliométricos) afectan al modo en que se produce y difunde la investigación.
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15 Septiembre 2009
Esta semana hemos presentado en el VI Foro sobre la Evaluación de la Calidad de la Educación Superior y de la Investigación en Vigo varias comunicaciones en las que detallamos los trabajos que tenemos entre manos en EC3. Yo participo en una de ellas, en la que se avanzan los primeros resultados y la metodología de un proyecto que busca contruir unos marcos de referencia bibliométricos (producción y citación básicamente) a nivel nacional para las categorías temáticas definidas por la ANEP. Algo parecido a lo que hace el ISI con sus baselines. Es la propia ANEP (Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva) quien impulsó el proyecto, con el que queremos dotar de una herramienta complementaria de apoyo a la toma de decisiones a los evaluadores de proyectos de investigación.
Aquí os dejo la presentación. Algunas diapositivas van algo cargaditas y no se ven bien, así que al que le interese que se descargue directamente el archivo. Algunas cosas no funcionan tan bien en la nube como en el disco duro.
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