Categoría: Bibliotecas
26 Julio 2009
Esta semana Elsevier ha lanzado la iniciativa Article of the future, un proyecto que pretende dotar de nuevas funcionalidades a los artículos científicos. Según la editorial, el objetivo es desarrollar unos prototipos (1 y 2) que se aproximen bastante a lo que debe ser el artículo científico en un futuro próximo.
El catálogo de mejoras lo podeis leer en español en bibliovirtual, y la verdad es que a primera vista no pinta mal la nueva presentación de la información. La posibilidad de ver las referencias de cada una de las secciones, de ver las citas en su contexto o la posilidad de conocer algunos indicadores básicos de los autores son mejoras interesantes, pero que distan de ser un sustancial paso adelante en la forma en que la ciencia es consumida por los investigadores.

La apuesta (o la desesperación) de Elsevier por liderar el carro de la web 2.0 en el ámbito científico parece evidente. Hace unos meses fue el concurso del Artículo 2.0, o el Grand Challenge o previamente el lanzamiento de 2collab, pero siguen pareciendo más bien estrategias de márketing para combatir el movimiento open access que verdaderas iniciativas destinadas a mejorar la forma en que los investigadores se relacionan con su principal fuente de información, el artículo científico. El pretencioso título de esta última inicitiva así parece reflejarlo.
A la blogosfera especializada no le ha hecho mucha gracia el invento, (scholarly kitchen, gobbledygook, readwriteweb) aunque en mi opinion esto a veces puede reflejar más una postura ideológica (abierto - compartir - gratuito) que científica. Las mejoras de Elsevier no son la panacea pero tampoco lo son la mayoría de cosas que la Public Library of Science lanza o publicita, y que son saludadas con bastante mayor entusiasmo, como el prototipo de artículo mejorado semánticamente (ved el document summary, bibliometras).
Soy muy escéptico respecto al éxito de este tipo de mejoras, principalmente por dos razones. Una referida a la conducta de los investigadores. Aunque el acceso al documento se haga en su mayor parte por medios electrónicos, el consumo del mismo se sigue haciendo en papel. Como mucho, algunos leerán el pdf en su ordenador. Pero, ¿qué porcentaje de investigadores leerán el artículo on-line, como si fuera una página web cualquiera? Pocos, muy pocos, quizá los nativos digitales...
La otra razón es de índole económica. Aún en el caso de que estas iniciativas salieran adelante, tan sólo las grandes editoriales podrían implementar las funcionalidades semánticas, las mejoras en la navegabilidad, el tratamiento gráfico de las imágenes,...El coste del tratamiento técnico del artículo subirá y en consecuencia dicha subida repercutirá en el coste de la suscipción. Recordemos que son las bibliotecas universitarias los principales clientes de este tipo de productos, que ya han visto subir los precios de las revistas en los últimos años en bastante menor medida que sus presupuestos. No parece asumible más carga económica por unas funcionalidades, que curiosamente, no son demandadas ni por los consumidores (los investigadores) ni por los clientes (las bibliotecas).
Por ello, y a modo de conclusión, estas iniciativas son pequeños pasos adelante desde el punto de vista técnico, pero en modo alguno, saltos revolucionarios. Más bien recuerda aquello de que algo cambie para que todo siga igual...
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7 Junio 2009
Con bastante retraso, cuelgo por aquí las diapositivas del curso sobre Web 2.0 y Bibliotecas que di hace ya unas semanas en la Universidad de Extremadura para el personal de la biblioteca.
Dado que mi campo profesional ha derivado a otros ámbitos, he tenido que hacer un esfuerzo para ponerme al día en muchos de estos aspectos, y me ha servido para darme cuenta de la cantidad de iniciativas que han surgido desde que hace apenas 3 años unos jóvenes bloggers a los que nadie conocía comenzaron a hablar de Biblioteca 2.0, Opac Social y demás lindezas del estilo que pusieron (y ponen) los pelos de punta a más de un bibliotecario. Desde entonces, rara es la biblioteca que no ha puesto en marcha algún blog o intenta comunicarse con sus usuarios usando algunas de las herramientas de la web social.
Esta es la introducción a la materia, Web 2.0 y Biblioteca 2.0
Como habreis visto, teniendo a mano a profesionales de primera como Dídac Margaix o Nieves González no hace falta estrujarse mucho la cabeza; basta con citarlos.
La segunda presentación se refiere a las herramientas e instrumentos principales que encontramos en la web 2.0 y que pueden servirnos a nivel institucional o bien a nivel personal como forma de aprendizaje y de formación permanente. Si echais en falta algo más de blogs o de rss es porque esa parte del curso la impartió Javier Leiva. Un poco larga la presentación; ¡incluye fotos y prácticas!
Y por último, el universo 2.0 enfocado a investigadores, y al papel de la biblioteca universitaria como soporte a la investigación: revistas, repositorios, gestores, redes sociales científicas,...
En definitiva, una oportunidad muy grata para conocer Cáceres, con visita guiada incluida de la mano de la directora de la biblioteca, Ángeles Ferrer, a la que agradezco la invitación para impartir el curso, y una gran ocasión para estar en contacto con bibliotecarios y conocer la realidad de una biblioteca universitaria y sus necesidades respecto a las herramientas de la web 2.0.
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14 Mayo 2009
¿Leemos del mismo modo un texto en papel que en una pantalla? ¿Vemos de la misma forma un programa en la televisión que en la pantalla del ordenador? Que cada medio tiene su propio lenguaje narrativo es una obviedad. ¿Cómo sería leer una novela en papel de periódico? Cuanto menos, extraño.
Cuando las instituciones se lanzan a la web 2.0 e intentan alojar sus contenidos bajo estos distintos formatos, muchas creen que con un mero copia-pega es suficiente para ser dospuntoceristas. Gran error. Es habitual leer en algunos blogs (y en periódicos) larguísimas entradas, sin separación entre párrafos, sin hipervínculos, sin negritas o frases destacadas, es decir, textos escritos de una forma lineal, con lo cual el impacto del mensaje se pierde al no saber transmitirlo de forma adecuada.
Cada medio posee su lenguaje, y se consume por parte del usuario de forma distinta. Digo esto porque he estado viendo estos días la nueva línea 2.0 de la Biblioteca Nacional, muy loable iniciativa pero que sin embargo no contempla estos aspectos comunicativos. Si vamos al canal en YouTube de la BNE encontramos vídeos con una duración de ¡más de 20 minutos! Adecuados quizá para una relajada tarde en La 2 pero muy alejados del patrón de consumo del espectador de Youtube. ¿No sería más efectivo comunicar estos mismos contenidos de otra forma, adaptados a la manera de consumir información audiovisual en la web?
Ah, y por cierto, el blog de la BNE, sin canal rss. Menos mal que somos gestores de información, que si no...
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6 Marzo 2009
Quizá una de las discusiones más interesantes alrededor de los bienes de consumo culturales y científicos sea el debate sobre el acceso y la propiedad. El jefe de Spotify, el último bombazo de la 2.0 lo comentaba en una reciente entrevista. Si dispongo de un acceso de calidad a los productos y servicios que quiero usar, ¿pará qué necesito almacenarlo en algún dispositivo de mi propiedad?
Efectivamente, esto ya es así en el mundo de la información. Nos hemos acostumbrado a acceder online a multitud de servicios y aplicaciones (la famosa nube), tanto que muchas veces la recuperación de información pertinente es mucho más fácil en la web que en nuestros propios sistemas de almacenamiento. Esto es así por dos razones: porque los buscadores en la web (léase Google) son más potentes, intituitivos y fáciles de usar que las herramientas de la mayoría de sistemas operativos, y porque además en la web solemos disponer de varios puntos de aceso para alcanzar la información que requerimos. Pongamos el ejemplo de un artículo científico; nosotros lo almacenamos en algún lugar de nuestro disco duro, pero en Internet podemos encontrar el mismo documento en la web de la revista, en un repositorio institucional, en la web del autor,...es decir, múltiples vías de acceso a la misma información.
Ofrecer varias vías para acceder a la información deriva finalmente en un mayor uso de ella, lo cual a su vez genera mayor visibilidad para los materiales y mayor reconocimiento para los autores. Los músicos usan MySpace para colgar sus obras, los investigadores los repositorios en acceso abierto para facilitar el uso de sus investigaciones. Esto puede derivar, en el caso del músico en la grabación de discos o la invitación a ofrecer conciertos mientras que al investigador le genera oportunidades para impartir cursos, ser invitado a conferencias, establecer colaboraciones y aumentar el impacto de sus investigaciones.
Con esta situación, es de agradecer que el borrador de la nueva Ley de la Ciencia dedique un apartado al establecimiento de políticas para hacer públicas las investigaciones financiadas con fondos estatales y que fomente la creación de repositorios en acceso abierto. Algunas instituciones han tomado la delantera, y esta misma semana la Universidad de Murcia (Digitum) y la de Salamanca (Gredos) han presentado sus plataformas para la difusión de su material investigador y docente. Presumo que, si el Ministerio sigue con sus planes, en los próximos meses los depósitos institucionales no serán un servicio de valor añadido, sino una necesidad inaplazable para todas las instituciones que se dedican a la investigación.
Sin la implicación de las altas instancias institucionales estas iniciativas están abocadas a un rinconcito (sin luz) del entramado de la organización. Por eso creo que estos productos no deben liderarse desde las bibliotecas (por su falta de influencia y nula capacidad de liderazgo en las instituciones), aunque el concurso de su personal sí es imprescindible para marcar las directrices técnicas del proyecto.
Se presenta un panorama muy esperanzador para este tipo de servicios, veamos cómo se desarrollan en los próximos meses.
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24 Enero 2009
El otro día bauen preguntaba en su twitter tendencias en ByD para 2009. Yo me aventuraba a decir que las bibliotecas, después de una etapa en la que ha expandido sus horizontes, intentando sumarse a diferentes herramientas 2.0 vivirán en 2009 un repliegue a posiciones más tradicionales.
Me explico. En épocas de crisis las personas actúan de forma más conservadora, no realizan grandes inversiones y se toman pocos riesgos. El interés se centra en mantener o consolidar sus posiciones más que en arriesgar en la búsqueda de nuevas aventuras. En el caso específico de las bibliotecas, con la previsible reducción (o aumento nulo) de recursos, deberán priorizar las funciones y los servicios que ofrecen a sus usuarios. Nada de proyectos de cara a la galería ni de innovar con la puesta en marcha de nuevos servicios. Los ebooks deberán esperar (en la mayoría de los casos) a 2010.
Estos dos últimos años muchas bibliotecas han probado los servicios de la web social, formando a sus empleados para la implementación de nuevas herramientas a la caza y captura de usuarios allá donde estos se encontraran. Dentro de estas experiencias hallamos dos grupos de bibliotecas: las que han visto las herramientas 2.0 como un medio natural y necesario en el que adentrarse como forma de reivindicar su lugar en el mundo digital, desarrollando una planificación estratégica y orientando sus actividades a colectivos específicos, y aquéllas que se han dejado arrastrar por la corriente, haciendo experimentos con gaseosa, y claramente abocadas al fracaso. La biblioteca de la Universidad de Sevilla es ejemplo de lo primero, los ejemplos de lo segundo podeis aportarlos vosotros mismos.
Con esto no quiero decir que las bibliotecas no deban adentrarse en la web 2.0 y sacarle el máximo partido, sino que deben orientar claramente sus políticas hacia objetivos muy bien definidos. Es decir, no enredarse en lo instrumental sino posicionarse de forma estratégica. Por ejemplo, en el caso de las universitarias librar una batalla interna para jugar un papel relevante con la llegada de Bolonia y la importancia que dicho plan concede a la biblioteca como centro de recursos para la investigación y para la formación de los estudiantes, impartiendo asignaturas específicas sobre el uso de recursos informativos o formando en competencias relativas al uso y valoración de la información. Adelantarse a las demandas de los usuarios y generar necesidades de información es la única forma de que las bibliotecas ganen clientes y se hagan visibles de cara a la sociedad.
Saber comunicar esos logros también se hace cada vez más necesario. Los portales web de algunas bibliotecas deberían cuidarse mucho más ya que es la puerta de entrada de la mayoría de los usuarios. Igual que no permitirímos que hubiera un cuadro de Franco presidiendo el vestíbulo no se deberían tolerar webs con información desactualizada, incorrecta, incompleta o innencontrable.
En definitiva, y a pesar de la situación, la biblioteca no debe renunciar a asumir más responsabilidades, pero teniendo claro sus objetivos y las herramientas que necesita para conseguirlos. Aunque, la verdad, parece difícil...
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11 Enero 2009
2009 es el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, por lo que en los próximos meses asistiremos a cientos de actividades en todos los terrenos que girarán alrededor de estos conceptos. La Unión Europea pretende además promocionar estos conceptos desde una perspectiva instrumental, como motores de crecimiento económico y de desarrollo social. Habitualmente, la creatividad se asocia con lo artístico, mientras que la innovación nos sugiere lo tecnológico y lo industrial.
Pero la creatividad y la innovación, ¿son conceptos familiares a las bibliotecas y a otros actores del sistema documental? Cuando Garfield inventó sus índices de citas (años 50) no se imaginaba el enorme volumen de negocio que generaría a sus espaldas ni la influencia que su innovación ejercería en miles de investigadores. Unos años antes, Vannevar Bush ya concibió con su memex las primeras ideas sobre la hipertextualidad y definió conceptualmente la world wide web tras la explosión de información generada por la Segunda Guerra Mundial que era necesario almacenar y ordenar. Era 1945. Garfield era químico; Bush, ingeniero.
No hace falta acudir a los históricos de la Documentación para encontrar ideas innovadoras y creativas. Los intentos de extender el servicio bibliotecario a toda la población por dispersa que ésta estuviera o de acudir al encuentro de los posibles usuarios ha dado lugar a servicios tan originales como los Biblioburros o las Bibliopiscinas. Igualmente, los esfuerzos por integrar y atender a inmigrantes han propiciado iniciativas como la impresión de diarios extranjeros bajo demanda, por poner tan sólo un ejemplo.
El workshop Calsi (marzo, Valencia) será uno de los foros donde se debatirá sobre el tema: Documentación: ¿Realmente somos innovadores? Qué opinan bibliotecarios, docentes, investigadores y empresarios. Mientras llega esa cita, podemos ir debatiendo, ¿qué piensas, somos innovadores, conoces otros proyectos creativos en bibliotecas y servicios de información?
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19 Noviembre 2008
¿Puede alimentar la biblioteca de contenidos de calidad su espacio web sin descuidar las funciones tradicionales que debe cumplir? Sin duda, no. Para disponer de sitios web de calidad, actualizados y acordes con las funciones y objetivos de la biblioteca se necesita principalmente mucho tiempo (=dinero). Qué fácil es abrirse un blog y qué difícil mantenerlo vivo.
Pero para eso la web 2.0 nos enseña que remezclar, reutilizar y compartir son valores positivos a adoptar en nuestro propio entorno. Si el papel de la biblioteca es filtrar y seleccionar contenidos de calidad y difundirlo a los usuarios, entonces reutilizar la información de fuentes externas de calidad y redifundirla a través de la web/blog o por cualquiera de los canales de comunicación que utilice ésta es totalmente pertinente y forma parte del genoma mismo de la biblioteca.
Otro aspecto interesante que nos muestra la 2.0 es que las aplicaciones de éxito se basan en la participación y la colaboración de los usuarios. ¿Por qué no permitir que sea un grupo de superusuarios de la biblioteca los que actualicen nuestro perfil en Facebook? El miedo a perder el control de los flujos de información por parte de las instituciones no deja de ser algo natural, pero debe ser asumido que la participación y la adopción del ideario de la web 2.0 implica riesgos y oportunidades, y éste es uno de los más claros ejemplos de ello.
Estoy seguro de que muchos bibliotecarios, ante la propuesta de que los contenidos los generen sus usuarios reaccionaran a la defensiva, valorando más los riesgos que las oportunidades: ¿y si escriben contenidos inapropiados: ideológicos, sexistas o xenófobos? Otros, a la inversa, verán la oportunidad de echar mano de la inteligencia colectiva para alimentar un sitio de calidad, dinámico, un punto de encuentro de la comunidad vinculada a la biblioteca.
En definitiva, adaptarse al entorno o seguir relegados a la imagen arcaica que, en general, la sociedad tiene de las bibliotecas.
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11 Noviembre 2008
Uno de los aspectos más descuidados en bibliotecas es el márketing de sus servicios, y la difusión de la imagen externa de la biblioteca. No sé si es frecuente que las bibliotecas recopilen de alguna forma la proyección que se da de ellas en los medios de comunicación, pero sin duda es un indicador más a contemplar en la evaluación bibliotecaria, al igual que se mide la circulación de la colección o el número de volúmenes de que dispone el centro.
Vamos a ver brevemente dos aspectos asociados a la imagen y visibilidad de la biblioteca, principalmente en el entono web, porque el usuario, es, actúa y vive (y cada vez más), online.
La imagen de marca de la biblioteca
Si algo nos enseña el open access es que no sólo hay que hacer las cosas, igual de importante es difundirlas por todos los canales a nuestro alcance para aumentar su impacto. La biblioteca, al igual que las personas, tienen a su disposición diversas herramientas de comunicación con su entorno más próximo. Las redes sociales, por ejemplo, son otra forma más de proyectar la imagen de la biblioteca. ¿Qué periódico local no difundiría la noticia de que la biblioteca (no olvidemos, esa institución que de cara a la sociedad sigue siendo un templo de silencio) se abre su página en Facebook y consigue cientos de fans en una semana? ¡Puntazo para la biblioteca (y para el político)!
Usar estas herramientas proyecta una imagen innovadora y favorece el impacto mediático de la biblioteca. Más visibilidad significa justificarse ante la comunidad y ante quienes la dirigen, lo cual puede redundar en más y mejores oportunidades de financiación y en posicionarnos en un buen lugar de cara a posibles iniciativas innovadoras que pueda organizar la localidad o institución de la que depende la biblioteca. La imagen es importante y dice mucho de una institución. La biblioteca debe ser activa y difundir la imagen que quiere dar de ella.
¿Estrategia web para bibliotecas?
Todos los futuros usuarios de una biblioteca usan Internet, sin embargo, los estudios nos dicen que sólo un tristísimo porcentaje de nuestras bibliotecas poseen páginas web propias (quizá por la sempiterna lucha entre bibliotecarios e informáticos, y por nuestra incapacidad de gestionar equipos multidisciplinares, pero ese es otro asunto), normalmente ocultas en el enjambre institucional online que son la mayoría de portales institucionales.
En este contexto, para bibliotecas pequeñas, abrirse un perfil en una red social o comenzar un blog quizá sea una solución más sencilla (y posiblemente más útil) para los conocimientos informáticos de su personal. Estamos a favor, sin embargo, ¿qué hay de las grandes bibliotecas/sistemas bibliotecarios/redes de bibliotecas?
¿Hay alguna biblioteca que disponga de una estrategia web? Es decir, identificar las oportunidades que nos presenta la web para implementar nuevos servicios a los usuarios (o nuevas formas de proporcionar los viejos servicios), generar contenidos de calidad, proyectar imagen de marca, ... El desarrollo de una estrategia online, al modo de la editorial Nature, por ejemplo, y salvando las distancias podría encajar perfectamente en uno de esos nuevos perfiles profesionales que nos presentaba esta semana Enrique Dans.
Lógicamente, la estrategia web de una biblioteca la debe diseñar un bibliotecario, no un informático (parece obvio, pero en la mayoría de las bibliotecas, sus profesionales no tienen poder para determinar aspectos tan cruciales como éste), y debe pensar en lo que demandan los usuarios, pero también en lo que demandarán los nuevos usuarios, ir adonde éstos se encuentren y ofrecerles servicios de su interés.
La biblioteca es mucho más que libros (eso lo sabemos nosotros), pero esto también debe hacerse ver a su comunidad.
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