La Coctelera

Categoría: Industrias culturales y de la información

Pesando y midiendo a los investigadores 2.0 en el Blogs y Medios

Esta semana tuve la ocasión de participar en un evento clásico de la blogosfera, muy alejado de los parámetros de los foros académicos. En el octavo Blogs y Medios granadino JJ Merelo y JF Barrera organizaron una mesa sobre "pesos y medidas", e invitaron a dos tipos de la universidad (a Mari Luz Congosto, de la Carlos III y a mí), y a otros dos del periodismo, Delia Rodríguez (blog Trending Topics en El País), y a Adrián Segovia, analista web del mismo medio.

Delia habló del fenómeno #15M desde el punto de vistas de las redes sociales y de los contenidos, reivindicando la intuición del periodista para distinguir entre lo esencial y lo accesorio, que muchas veces el "streaming" de la actualidad no permite vislumbrar con claridad. Este "lado humano" también lo mencionó Adrián. Pese a que debe ser el tipo que se desayuna con más tablas y números de España reclamó la necesidad de hablar con los periodistas, saber analizar los datos, e interpretarlos para generar no sólo visitas al periódico sino muy especialmente prestigio para el medio. En su intervención me acordé de lo que Jorge Serrano-Cobos había comentado en Granada hace unas semanas, donde nos mencionó el interesantísimo campo de trabajo que supone la analítica web y sus puntos de encuentro con la bibliometría. Aquí me quedó claro que las semejanzas no son sólo con la bibliometría sino también con la arquitectura de la información.

Blogs y Medios Granada

Mari Luz aplica el análisis de redes sociales a fenómenos políticos o sociales. Lo novedoso de su enfoque es que no usa las fuentes de información tradicionales sino que obtiene sus datos de twitter, la gran mina de información de nuestro tiempo. Esto me sugiere otra reflexión. Si pagamos varios millones de euros por el acceso a algunas bases de datos, ¿por qué no intentar poner a disposición de la comunidad científica la base de datos de Twitter como fuente de información para uso académico-investigador? Sociólogos, psicólogos o científicos de redes se frotarían las manos. En su blog tenéis varios ejemplos de lo interesante de su trabajo.

Y finalmente mi presentación, en la línea de la que hice en la UIMP hace unos meses, pero con una (pretendidamente) humorística introducción para neófitos del sistema de evaluación en ciencia, y actualizada con algunos datos de un trabajo muy reciente aparecido en Nature. Los investigadores están usando poco (o muy poco) la web 2.0; el porcentaje de investigadores con blogs, por poner un ejemplo, es bastante bajo, pero es que apenas llega al 40% los investigadores que cuentan con un sitio web en el que difundir sus investigaciones (web personal, del grupo de investigación, etc), lo cual indica que son muchos los científicos que adoptan una actitud pasiva a la hora de difundir su trabajo (¿piensan que no les concierne?)

 

En definitiva, y pese a lo dispar de la mesa, fue una buena ocasión para acercar la oreja al debate que hay en los medios y en las redes sociales sobre contenidos y métricas.

Puedes leer también la crónica de Ámina Pallarés en el blog de Cink.

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Cabezas-Clavijo, Á (2011). Los investigadores en la web 2.0: algunas métricas de uso. En VIII Blogs y Medios, Granada, 26 de mayo.

¿Se valora la divulgación de la ciencia en el sistema español de I+D?

La divulgación de la ciencia es, en el mejor de los casos, la hermana pequeña de la actividad investigadora (en el peor, no hay hermana que valga). Muchos científicos piensan que es muy complicado transmitir lo que hacen a un público no especializado. Otros, que el mensaje se simplifica tanto que se desvirtúa. Hay unos pocos que contra carros y carretas se esfuerzan por divulgar continuadamente su actividad científica, o la que hacen sus colegas intentando que la ciencia no sea algo árido, y especializado, sino que pueda interesar a cualquiera, y muy en especial a los jóvenes ante la falta de vocación en las carreras científicas.

Pero, ¿cómo se valora a los investigadores que deciden hacer ese esfuerzo por transmitir a la sociedad su trabajo diario? La respuesta es clara, NO se valora de ningun manera. Un reciente artículo en Public Understanding of Science profundiza en esta cuestión, señalando que los científicos españoles hacen divulgación por un compromiso moral con la sociedad, y de manera altruista. Las agencias españolas de evaluación no valoran de forma específica la participación de los investigadores en ferias y semanas de la ciencia, programas de televisión, colaboraciones en prensa general o revistas divulgativas, y demás actividades. Los autores del trabajo dicen sin embargo que una gran parte de los investigadores hacen divulgación; son pocos los que no han acudido a dar una conferencia en su pueblo, colaborado en algún boletín o revista local, dado su opinión en medios de comunicación o guiado a los chavales del instituto en alguna actividad, pero generalmente de manera puntual, aunque de forma altruista, y sin recompensas a cambio. Desde luego por mi experiencia en la Universidad de Jaén los profesores se prestaban a colaborar encantados en charlas de carácter divulgativo, pero involucrarlos en actividades más continuadas o que generaran una mayor carga de trabajo era muy complicado, ya que lógicamente esa inversión de tiempo la podían dedicar a otras actividades más "lucrativas" desde el punto de vista científico.

Los autores del trabajo señalan la paradoja que se haya estimulado al menos sobre el papel en planes de I+D y programas de organismos nacionales, de comunidades autónomas y de universidades la divulgación a la sociedad y sin embargo ésta se haya hecho de forma esporádica, ceñida a proyectos concretos, y pocas veces con la continuidad necesaria. Mi opinión es que a menos que se valore de forma adecuada la actividad divulgadora de nuestros profesores, ésta se seguirá realizando a trompicones, vinculada al voluntarismo y al compromiso de unos pocos activistas de la ciencia, y gracias a la financiación puntual de agencias y organismos (ni decir tiene que estos organismos han reducido al mínimo su aportación a la divulgación en los últimos años).

Aunque los autores del trabajo no lo mencionan, es evidente que dentro de este apartado divulgativo se ajustaría como anillo al dedo la actividad que algunos (pocos) profesores de universidad y CSIC desarrollan a través de sus blogs y actividad en redes sociales, que como es sabido, tampoco se valora en modo alguno (hace unos meses en la UIMP tocamos el tema). Probablemente esto sería un acicate para aquéllos que tienen tanto conocimiento que compartir, y se muestran tan poco.

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TORRES ALVERO C., FERNÁNDEZ ESQUINAS M., REY ROCHA J., MARTÍN SEMPERE M.J. (2011). Dissemination practices in the Spanish research system. Scientists trapped in a golden cage. Public Understanding of Science 20(1): 12-25

¿Qué es el DOI?

Con todo el tema de las acreditaciones y peticiones de sexenios los investigadores se están empezando a familiarizar (a base de bien) con diversos conceptos documentales. Conceptos como indicios de calidad, factores de impacto o indización en bases de datos son ya moneda común incluso en aquéllas áreas donde esto sonaba a chino hace cuatro días.

Una de las dudas habituales de los profesores es si pueden aportar como contribución artículos in press, que ya están a disposición pública a través de las plataformas de revistas científicas online como por ejemplo science direct. Estos artículos ya tienen asignado un DOI (identificador de objetos digitales), pero aún no cuentan con volumen ni número ni paginación aún asignada, por lo que los distintos organismos encargados de evaluar estas contribuciones no suelen aceptarlo, ignorando por cierto, las nuevas dinámicas de la publicación académica (y es que un artículo puede tirarse más de un año in press).

Pero, ¿qué es un DOI? Muchos investigadores no han escuchado hablar de este identificador único de publicaciones científicas, pero qué bueno sería no tener que reseñar toda la ristra de datos bibliográficos asociados a una publicación y anotar únicamente el DOI de  la misma. Se trata de un código alfanumérico que identifica en la web un artículo y que lo recupera incluso si éste se ubica en un servidor distinto al que fue alojado en un principio. Se evita así el típico problema de los enlaces rotos, muy habitual en macrowebs como las universitarias.

Una buena práctica documental es enlazar a los artículos académicos usando su DOI en lugar de la URL donde se ubica el artículo, asegurándonos así que este será recuperable en un futuro. Son muchas las revistas que ya lo usan para identificar sus contenidos, pero aún no es una práctica generalizada entre todos los editores científicos, especialmente en los académicos y pequeños editores.

Para entrar en cuestiones más técnicas puedes echar un vistazo a este post de infobiblio o a esta completa presentación de Teresa Malo de Molina.

Sea usted solidario: cite a un investigador español (que publique en español)

Esta es poco más o menos la propuesta que nos hace el Instituto Cervantes en su última obra, El español: lengua para la ciencia y la tecnología una recomendación cuanto menos inquietante para un científico (noticia en Público; nota de prensa en SINC).

La premisa de partida es que el español es un idioma infrarrepresentado en materia de ciencia y tecnología por lo que se hace necesario fomentar y estimular la publicación científica en este idioma. Los autores además no sólo recomiendan que se publique en español, sino que además aconsejan que se cite a los investigadores españoles que publican en el mismo idioma. Dice la coordinadora de la obra, Verónica Vivancos que debería estimularse el compañerismo entre los científicos españoles para que sus obras tengan más relevancia. Ahí queda eso.

No creo que sea muy científico eso de citar a la gente según el país del que provenga o el idioma de lo que escribe; pero igual estoy equivocado. Según otra autora, Montaña Cámara, la sociedad sólo lee en español y, para que el país avance, se debe producir en español, pero esto no se valora, por lo que propone la creación de... ¡un índice de impacto! internacional, alternativo al famoso ISI, de Thomson Reuters, ese no vale porque la mayoría de las revistas están escritas en inglés.

Es falso que no se valore la publicación en español. Se valora en las disciplinas con un patrón de publicación nacional, pero, claro, no se valora igual publicar en el boletín del barrio que en una revista que cumple ciertos criterios de calidad. Hay varios índices de impacto y bases de datos que ordenan revistas según sus criterios de calidad: IN-RECS; IN-RECJ; DICE, RESH,...Eso lo saben ya todos los investigadores españoles (al menos los investigadores que investigan) y se las tienen que ver con algunas de las agencias evaluadoras como ANECA o CNEAI (puedes echar un vistazo a los criterios que usan en sus evaluaciones). Incluso hay listados internacionales alternativos al ISI que pretenden reconocer la calidad de las publicaciones locales en Humanidades, como ERIH o este nuevo proyecto multinacional, liderado por Ben Martin.

No sé si el índice que proponen los autores sería aplicable a todos los campos del saber. Igual habría que preguntarle a médicos, químicos, matemáticos o biólogos que piensan de ello; si les apetecería publicar sus mejores artículos en español, para que sólo lo pudieran leer los castellanoparlantes, y además según la misma lógica, que los autores alemanes publicaran en alemán, o los suecos en su lengua materna, seguro que la ciencia avanzaba mucho más rápido.

En fin, no dudo que la ciencia en español deba tener más visibilidad de la que tiene; la mejora de la calidad de las revistas españolas, junto al fomento de la publicación electrónica de las mismas y el establecimiento de políticas open access son excelentes medidas a fomentar, muy alejadas del provincianismo de las opciones que proponen los autores de la obra (o al menos de las que se ha hecho eco la prensa; no he podido leer el libro, no está disponible para su consulta y descarga a través de la web).

--- Martinej en La ciencia en castellano da una visión muy acertada, histórica y complementaria del asunto, con atención al tema de la lingua franca de la ciencia.

Artículos del futuro para investigadores del presente

Esta semana Elsevier ha lanzado la iniciativa Article of the future, un proyecto que pretende dotar de nuevas funcionalidades a los artículos científicos. Según la editorial, el objetivo es desarrollar unos prototipos (1 y 2) que se aproximen bastante a lo que debe ser el artículo científico en un futuro próximo.

El catálogo de mejoras lo podeis leer en español en bibliovirtual, y la verdad es que a primera vista no pinta mal la nueva presentación de la información. La posibilidad de ver las referencias de cada una de las secciones, de ver las citas en su contexto o la posilidad de conocer algunos indicadores básicos de los autores son mejoras interesantes, pero que distan de ser un sustancial paso adelante en la forma en que la ciencia es consumida por los investigadores.

La apuesta (o la desesperación) de Elsevier por liderar el carro de la web 2.0 en el ámbito científico parece evidente. Hace unos meses fue el concurso del Artículo 2.0, o el Grand Challenge o previamente el lanzamiento de 2collab, pero siguen pareciendo más bien estrategias de márketing para combatir el movimiento open access que verdaderas iniciativas destinadas a mejorar la forma en que los investigadores se relacionan con su principal fuente de información, el artículo científico. El pretencioso título de esta última inicitiva así parece reflejarlo.

A la blogosfera especializada no le ha hecho mucha gracia el invento, (scholarly kitchen, gobbledygook, readwriteweb) aunque en mi opinion esto a veces puede reflejar más una postura ideológica (abierto - compartir - gratuito) que científica. Las mejoras de Elsevier no son la panacea pero tampoco lo son la mayoría de cosas que la Public Library of Science lanza o publicita, y que son saludadas con bastante mayor entusiasmo, como el prototipo de artículo mejorado semánticamente (ved el document summary, bibliometras).

Soy muy escéptico respecto al éxito de este tipo de mejoras, principalmente por dos razones. Una referida a la conducta de los investigadores. Aunque el acceso al documento se haga en su mayor parte por medios electrónicos, el consumo del mismo se sigue haciendo en papel. Como mucho, algunos leerán el pdf en su ordenador. Pero, ¿qué porcentaje de investigadores leerán el artículo on-line, como si fuera una página web cualquiera? Pocos, muy pocos, quizá los nativos digitales...

La otra razón es de índole económica. Aún en el caso de que estas iniciativas salieran adelante, tan sólo las grandes editoriales podrían implementar las funcionalidades semánticas, las mejoras en la navegabilidad, el tratamiento gráfico de las imágenes,...El coste del tratamiento técnico del artículo subirá y en consecuencia dicha subida repercutirá en el coste de la suscipción. Recordemos que son las bibliotecas universitarias los principales clientes de este tipo de productos, que ya han visto subir los precios de las revistas en los últimos años en bastante menor medida que sus presupuestos. No parece asumible más carga económica por unas funcionalidades, que curiosamente, no son demandadas ni por los consumidores (los investigadores) ni por los clientes (las bibliotecas).

Por ello, y a modo de conclusión, estas iniciativas son pequeños pasos adelante desde el punto de vista técnico, pero en modo alguno, saltos revolucionarios. Más bien recuerda aquello de que algo cambie para que todo siga igual...

¿Visibilidad o desgaste?

Siempre he defendido, tanto en el blog como en algunas intervenciones públicas las bondades que participar en la web 2.0 puede acarrear para cualquier profesional. Participar en los distintos foros que nos brinda la web tanto para opinar sobre cualquier tema profesional como para difundir nuestra propia actividad ya sea profesional o investigadora es por norma general beneficiosa para el que lo realiza, ya que nos posiciona en la comunidad. No hay más que echar un vistazo por ejemplo a las estadísticas de uso de las presentaciones que colgamos en slideshare, ver las analíticas de nuestros blogs o comprobar como muchas personas han usado su (en principio) pequeño blog persofesional para darse a conocer y poseer una actividad profesional absolutamente desbordante.

Sin duda, un uso inteligente de estas herramientas es beneficioso para los que las utilizan. Sin embargo, en los últimos meses, el impresionante aumento de posibilidades tecnológicas a nuestro alcance, la facilidad para usar determinadas plataformas y también, por qué no decirlo, las modas asociadas a algunas de estas aplicaciones han derivado en una sobrecarga de información sobre ciertas temáticas, a la vez que una invisibilidad de otras, no menos importantes. Hallamos ya hace un tiempo que los contenidos de las temáticas ByD en la web 2.0 no coinciden con los frentes de investigación en nuestra disciplina ni con las principales áreas de actividad profesional [Torres et al, 2009, pdf].

Igual pasa con las personas; los que tienen perfiles en diversas redes sociales tienen más presencia, pero eso no significa que aporten más ni mejores contenidos. No confundamos visibilidad con calidad.

El otro día lanzaba a través de twitter la siguiente pregunta:

¿dónde está ese punto entre conseguir visibilidad profesional en la web 2.0 y acusar desgaste por sobreexposición?

Si se usan diversos canales para surtir de contenidos a diferentes tipos de público, me parece perfecto, pero proporcionar exactamente la misma información a través de varios canales (para los mismos usuarios) conlleva una duplicación de contenidos, y una sensación de hartazgo en el receptor (otra vez el pesado este con lo mismo, pero si ya lo he leido en su blog y en su ...). A mí me ocurre a veces con los RT de twitter (el equivalente a un forward en un correo electrónico) o con esos blogs que se limitan a copiar y pegar lo que han dicho en otra fuente, sin aportar nada nuevo.

¿Dónde está ese punto en el que participar en más aplicaciones 2.0 no te otorga más visibilidad ni le aporta más valor a tus lectores, sino que sólo genera desgaste en el emisor y hartazgo en el receptor?

Cómo transmitir los contenidos. La Biblioteca Nacional y YouTube

¿Leemos del mismo modo un texto en papel que en una pantalla? ¿Vemos de la misma forma un programa en la televisión que en la pantalla del ordenador? Que cada medio tiene su propio lenguaje narrativo es una obviedad. ¿Cómo sería leer una novela en papel de periódico? Cuanto menos, extraño.

Cuando las instituciones se lanzan a la web 2.0 e intentan alojar sus contenidos bajo estos distintos formatos, muchas creen que con un mero copia-pega es suficiente para ser dospuntoceristas. Gran error. Es habitual leer en algunos blogs (y en periódicos) larguísimas entradas, sin separación entre párrafos, sin hipervínculos, sin negritas o frases destacadas, es decir, textos escritos de una forma lineal, con lo cual el impacto del mensaje se pierde al no saber transmitirlo de forma adecuada.

Cada medio posee su lenguaje, y se consume por parte del usuario de forma distinta. Digo esto porque he estado viendo estos días la nueva línea 2.0 de la Biblioteca Nacional, muy loable iniciativa pero que sin embargo no contempla estos aspectos comunicativos. Si vamos al canal en YouTube de la BNE encontramos vídeos con una duración de ¡más de 20 minutos! Adecuados quizá para una relajada tarde en La 2 pero muy alejados del patrón de consumo del espectador de Youtube. ¿No sería más efectivo comunicar estos mismos contenidos de otra forma, adaptados a la manera de consumir información audiovisual en la web?

Ah, y por cierto, el blog de la BNE, sin canal rss. Menos mal que somos gestores de información, que si no...

Puntos de acceso a la información: el fin de la propiedad y el ascenso de los repositorios

Quizá una de las discusiones más interesantes alrededor de los bienes de consumo culturales y científicos sea el debate sobre el acceso y la propiedad. El jefe de Spotify, el último bombazo de la 2.0 lo comentaba en una reciente entrevista. Si dispongo de un acceso de calidad a los productos y servicios que quiero usar, ¿pará qué necesito almacenarlo en algún dispositivo de mi propiedad?

Efectivamente, esto ya es así en el mundo de la información. Nos hemos acostumbrado a acceder online a multitud de servicios y aplicaciones (la famosa nube), tanto que muchas veces la recuperación de información pertinente es mucho más fácil en la web que en nuestros propios sistemas de almacenamiento. Esto es así por dos razones: porque los buscadores en la web (léase Google) son más potentes, intituitivos y fáciles de usar que las herramientas de la mayoría de sistemas operativos, y porque además en la web solemos disponer de varios puntos de aceso para alcanzar la información que requerimos. Pongamos el ejemplo de un artículo científico; nosotros lo almacenamos en algún lugar de nuestro disco duro, pero en Internet podemos encontrar el mismo documento en la web de la revista, en un repositorio institucional, en la web del autor,...es decir, múltiples vías de acceso a la misma información.

Ofrecer varias vías para acceder a la información deriva finalmente en un mayor uso de ella, lo cual a su vez genera mayor visibilidad para los materiales y mayor reconocimiento para los autores. Los músicos usan MySpace para colgar sus obras, los investigadores los repositorios en acceso abierto para facilitar el uso de sus investigaciones. Esto puede derivar, en el caso del músico en la grabación de discos o la invitación a ofrecer conciertos mientras que al investigador le genera oportunidades para impartir cursos, ser invitado a conferencias, establecer colaboraciones y aumentar el impacto de sus investigaciones.

Con esta situación, es de agradecer que el borrador de la nueva Ley de la Ciencia dedique un apartado al establecimiento de políticas para hacer públicas las investigaciones financiadas con fondos estatales y que fomente la creación de repositorios en acceso abierto. Algunas instituciones han tomado la delantera, y esta misma semana la Universidad de Murcia (Digitum) y la de Salamanca (Gredos) han presentado sus plataformas para la difusión de su material investigador y docente. Presumo que, si el Ministerio sigue con sus planes, en los próximos meses los depósitos institucionales no serán un servicio de valor añadido, sino una necesidad inaplazable para todas las instituciones que se dedican a la investigación.

Sin la implicación de las altas instancias institucionales estas iniciativas están abocadas a un rinconcito (sin luz) del entramado de la organización. Por eso creo que estos productos no deben liderarse desde las bibliotecas (por su falta de influencia y nula capacidad de liderazgo en las instituciones), aunque el concurso de su personal sí es imprescindible para marcar las directrices técnicas del proyecto.

Se presenta un panorama muy esperanzador para este tipo de servicios, veamos cómo se desarrollan en los próximos meses.