Más allá de las ideas políticas, los recortes en ciencia son un tremendo error. Ya no se trata de cambiar de modelo productivo (eso sería imposible ahora aunque se duplicasen los presupuestos en I+D) se trata de mantener los logros alcanzados en los últimos años. Las sociedades con mayor gasto en I+D también son aquéllas con mayor nivel de bienestar.
La cultura de la investigación se ha instaurado en las universidades, y aunque más lentamente también lo hace en los hospitales. Más dinero no significa mejor ciencia, pero seguro que las posibilidades aumentan. Creo, como Álvaro Roldán, que se trata principalmente de gastar con más eficiencia, pero dudo que con recortes del 15% eso sea factible.
Para hacer mejor ciencia hacen falta más y mejores científicos pero también personal de soporte a la investigación, administrativos que gestionen viajes y facturas, sí, pero también técnicos que agilicen procesos, que reduzcan la carga burocrática del sistema y que liberen a los investigadores de buena parte de las tareas no investigadoras a las que deben enfrentarse cada día. La solicitud de proyectos de investigación, a justificación de una partida para comprar ordenadores o el pago de una traducción de un artículo científico son algunos de los quehaceres diarios de los investigadores; hacen falta personal de laboratorio, analistas de datos, informáticos, traductores o documentalistas. Todas estas personas forman una red de soporte que ayuda a hacer más eficiente la actividad científica.
Dudo que con los recortes en gastos corrientes se vaya a conseguir la mejora de los resultados de nuestro sistema científico, que basándose en los conteos de publicaciones algunos sitúan triunfalmente en el noveno puesto mundial.
Por todo ello, y porque este año DEBO encarrillar mi tesis doctoral, la ciencia española no necesita tijeras.
Una de las primeras polémicas desatadas por la incipiente blogosfera documental allá por 2004 fue la petición de un issn para blogs, siguiendo la estela del blog colombiano Infoesfera, al que su organización nacional le concedió el número normalizado. Fueron numerosos los comentarios en blogs de toda temática solicitando el número de control para su bitácora. La Biblioteca Nacional declinó todas las peticiones arguyendo que los blogs no son publicaciones seriadas. La blogosfera inventó entonces su propio numerito, el IBSN (Internet Blog Serial Number) en respuesta a la rigidez de las autoridades bibliotecarias. Blogs e issn: ¿una relación imposible? [pdf] se preguntaba Javier Leiva. La respuesta era afirmativa.
El caso afterpost
Afterpost es un esplendido blog colectivo de crítica literaria. Su acertada revisión de las últimas tendencias artísticas (en especial de la generación nocilla o afterpop, una serie de autores que se caracterizan por usar la fragmentación como forma narrativa) le ha valido elogiosas reseñas. Una de las autoras de Afterpost (amiga mía, para más señas) me comentaba que solicitaron a la Biblioteca Nacional un issn para su espacio web. Tras un primer rechazo por parte de la cabecera bibliotecaria, y una mejor exposición de argumentos de lo que es afterpost por parte de sus autores, la Biblioteca Nacional finalmente les concedió su issn. Nos lo concedieron sin problema, afirma mi amiga.
El Real Decreto
Como bien nos recuerdan desde el blog Iurismatica, escrito por abogados expertos en Derecho de las Nuevas Tecnologías, el Real Decreto 2063/2008, de 12 de diciembre [pdf], afirma expresamente que los blogs no pueden tener ISBN (como es lógico, ya que un blog no es un libro, por lo que esta indicación parece innecesaria). Sin embargo, afirma que
los sitios web que se actualizan de forma continua, pueden utilizar como código de identificación el ISSN
Por lo cual se deduce que un blog puede disponer perfectamente de un issn.
La discusión
Realmente el concepto de periodicidad es tremedamente relativo en la era de la publicación electrónica. Las editoriales adoptan diferentes métodos para acelerar la publicación de los artículos ya aceptados (online first, epub ahead of print), éstos se alojan en repositorios tanto temáticos como institucionales o gozan de otras formas de localización electrónica, como el DOI. En este contexto, por ejemplo, asignar issn distintos a la versión impresa y a la electrónica de la misma revista (como si el objeto de la protección fuera distinto) parece absurdo.
En este contexto, establecer unos criterios claros, no reduccionistas y adecuados a la nueva realidad de la publicación electrónica para la signación de números de control a blogs y otros nuevos formatos SÍ sería un verdadero paso adelante en cuanto a política bibliotecaria por parte de la cabecera del sistema. Empezar a preocuparnos por el control, almacenamiento, custodia y tratamiento del patrimonio informativo en soporte electrónico. Eso sí sería realmente innovador y progresista.
El peer review es el proceso por el cual un artículo científico o una solicitud para un proyecto de investigación es evaluado críticamente por expertos que determinarán si el proyecto sale adelante o el artículo será publicado, si es devuelto al autor para su mejora o es rechazado sin misericordia.
Este proceso ha sido tradicionalmente lento y farragoso, tanto para el autor como para las revistas y órganos encargados de la evaluación por la cantidad de puntos oscuros que presenta. La parcialidad de los revisores, su poca preparación a veces para revisar propuestas con las que metodológicamente no están familiarizados, el escaso tiempo del que disponen o el nulo reconocimiento que se les otorga (sus nombres no son públicos y por lo general no se les paga) provocan que a menudo el peer review sea un proceso en gran parte azaroso y con gran espacio para la mejora. De hecho a menudo se compara con la democracia cuando se dice que es el menos malo de los sistemas.
El objetivo no es baladí. Los procesos de evaluación (sobretodo en Biomedicina) distribuyen grandes cantidades de dinero, y estas deben repartirse basándose en criterios justos, según la calidad del proyecto presentado, el pasado del grupo investigador (predictor del futuro) o las proridades establecidas por el organismo responsable. Una mala revisión (no necesariamente un mal proyecto) puede ser el detonante de una investigación inconclusa, perder la oportunidad de entrar en la plantilla de las universidades para muchos profesores, y un buen número de becarios y de carreras investigadoras truncadas de raiz.
Como señala Nature esta semana, 22 investigadores han conseguido 222 ayudas de investigación del NIH (aquí entran proyectos, organización de eventos, becas, ayudas complementarias, etc...), por valor de varios millones de dólares, es decir, una selecta minoría acapara todo tipo de ayudas. También se señala el hecho de que se financia a más investigadores mayores de 70 que menores de 30 (lo que demuestra que el sistema es conservador y está afectado por el efecto Mateo). Otro dato muy significativo del informe del NIH es al respecto del tiempo que un investigador principal dedica a un proyecto. Un 33% de los investigadores dedica menos horas al proyecto del que afirman hacerlo. En el siguiente gráfico se observan los principales retos del sistema.
El NIH pretende reducir estas anomalías y actuar sobre la carga administrativa que el sistema provoca (algunas solicitudes pueden ser presentadas y modificadas varias veces, llegando a estar hasta 18 meses en mesas, pasillos y comisiones de diferente pelaje). Otras medidas que se proponen son mejorar la calidad de las revisiones y de los revisores (anque se empeñan en mantener como revisores a personas de reconocida trayectoria, lo cierto es que los estudios demuestran que son los menores de 40 años los que hacen revisiones de más calidad), proponer convocatorias diferenciadas para jóvenes investigadores (obviamente sin un pasado investigador que los avale), y para distintos tipos de ciencia (como para aquellos proyectos más arriesgados, con alta posibilidad de fracaso, que habitualmente no se financian por eso mismo).
En resumen, muy loables los intentos de mejorar el sistema que da soporte a los científicos con vistas a hacerlo más ágil y más justo. Veremos en los próximos tiempos si los resultados son positivos, y los investigadores (y los becarios) pueden dedicarse a los suyo, investigar, y no a rellenar papeles y más papeles.
Estamos en plena campaña electoral y los políticos gustan de enseñar gráficos y estadísticas y ofrecer datos que favorezcan sus intereses. En los debates televisados, esos gráficos están convenientemente optimizados para que el telespectador visualice de la manera más rápida y efectiva posible el dato que el político de turno (o sus asesores) creen oportuno.
Por eso, no está de más recordar algunos de los principios que Edward Tufte enumera a la hora de mantener la integridad en los gráficos sin maquillar la realidad. A saber;
Debe usarse un etiquetado claro y detallado para evitar la distorsión gráfica y la ambigüedad. Escribe explicaciones sobre los datos en el mismo gráfico.
Enseña las variaciones de los datos, sin variar el diseño de los gráficos.
En los gráficos económicos donde se muestre la evolución a través de los años, usa siempre unidades estandarizadas o que tomen en cuenta la inflación.
Los gráficos no deben mostrar los datos fuera de contexto.
Ni que decir tiene que los políticos no cumplen ni uno de estos principios. Los periodistas muchas veces, tampoco. Que no te la den con queso.
Edward R. Tufte.The visual display of quantitative information (2001), p.77
Baraticos habrán salido los anuncios, supongo. No sé qué pensará la autora de la carta que publicó El País en su edición dominical. El problema es que nos siguen robando, y lo hace la universidad pública, afirma Elena Asensio en ¿I+D?.
Hay que ver, estos jóvenes investigadores, es que nunca están contentos con nada, eh.
Mi nombre es Álvaro Cabezas, y soy Licenciado en Documentación y Máster en Información Científica por la Universidad de Granada, donde preparo mi tesis. Formo parte del grupo de investigación Evaluación de la Ciencia y de la Comunicación Científica (EC3) de la misma universidad, en el cual desarrollo productos documentales relacionados con la evaluación de la actividad científica desde una perspectiva bibliométrica.
Desde diciembre de 2008 a verano de 2009 también trabajé como técnico de la Unidad de Cultura Científica en la Universidad de Jaén, donde me encargué de actividades relativas a la comunicación y difusión de la labor investigadora realizada en la propia institución. Anteriormente he participado en proyectos relacionados con la evaluación de la actividad docente e investigadora en la Fundación I+D del Software Libre.
Igualmente imparto cursos de formación dentro de las temáticas de Recursos y Herramientas de Información Online, Evaluación de la Investigación así como de Biblioteca 2.0. Además soy autor de diversos artículos, informes y comunicaciones a congresos dentro de dichas áreas de actividad.
¿De qué hablo?
En este blog encontrarás noticias relacionadas con mi actividad profesional, reflexiones sobre aspectos métricos de la información, las nuevas tecnologías en el ámbito bibliotecario y documental así como sobre el rol del profesional de la información en un mundo infoxicado.
Además comparto enlaces, notas, apuntes, fotos, presentaciones y ocurrencias varias a través de twitter, de facebook y de slideshare.
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