The Kingdom y los procesos de comunicación científica
Estos días estoy viendo una serie danesa llamada The Kingdom, dirigida por la enfermiza mente de Lars Von Trier en los 90. Va de fenómenos extraños que acontecen en un hospital donde los médicos (neurocirujanos, mayormente) están bastante más chalados que los pacientes a los que tratan. No es mi intención hacer una crítica de la serie, sino mostrar algunos aspectos interesantes que tienen que ver con los procesos de comunicación científica.
Nada más empezar el primer capítulo, algunos médicos del hospital sospechan que el nuevo jefe de Neurología, una suerte de House sueco, que acaba de publicar un artículo en The Lancet no ha sido el que ha llevado a cabo las investigaciones, sino que se apropió de los resultados de otros colegas.
En un nuevo capítulo, los colegas felicitan a dicho jefe de Neurología por otro artículo en "La Gaceta". Le comentan, no sin sorna, que si era tan bueno, cómo es que no lo envió a The Lancet, revista emblemática de la investigación biomédica.
La serie pone de manifiesto algunas malas prácticas en la publicación científica como la apropiación de los resultados de otros. Si bien no creo que sea ésta una práctica demasiado extendida, sí lo es el hecho de incluir entre la lista de firmantes de un artículo a personas que poca o ninguna contribución han aportado a la investigación.
A pesar de que algunas revistas como las de PLoS o el BMJ obligan a los autores a declarar qué es exactamente lo que hicieron en la investigación, el número medio de firmantes por artículo no cesa de aumentar en los últimos años, a veces de manera poco justificada. Esto tiene bastante que ver con los criterios de recompensa y promoción académica, a veces meramente basados en el recuento de publicaciones. Dice Camí en su Impactolatría [pdf] que en Biomedicina siempre hay alguna revista dispuesta a publicar lo que sea. Yo me atrevería a añadir que en cualquier disciplina hay muchas revistas y muchas revistas malas.
Linda Butler, en Australia, detectó por ejemplo que a partir de la introducción de dicho sistema de evaluación, aumentó el número de publicaciones, especialmente aquellas publicadas en revistas del último cuartil para cada categoría ISI (aquellas con menor factor de impacto). Algo parecido ocurre con el Research Assessment Exercise británico; los cambios en el sistema de evaluación tienen una relación directa en el comportamiento de las unidades investigadores; bien sea publicando más, contratando más personal,...depende del método por el que se les vaya a financiar.
En España, igualmente los sexenios de la CNEAI propiciaron la masiva publicación en revistas ISI [Jiménez-Contreras et al, pdf ], situando a la ciencia española en un contexto global (al menos en publicaciones, que no en citas recibidas), y de paso hundiendo a buena parte de las revistas científicas españolas. El llamamiento a la desesperada de los editores de varias revistas científicas españolas [Díaz et al, pdf] parece que surtirá (algo de) efecto, ya que la FECYT se prepara para ayudar a la mejora de la calidad de las revistas científicas españolas.
La serie, la verdad es que no tiene desperdicio. Otra de las líneas argumentales trata sobre la ética (o la falta de ella) que lleva a un médico a anteponer sus investigaciones sobre la voluntad de sus pacientes. El archivo central del hospital también cobra protagonismo en otro de
los episodios. Las medidas de seguridad del mismo, así como el curioso perfil que se dibuja de la encargada, es la rectitud en persona,
dicen varios empleados, no deberían pasar desapercibidos para los
estudiosos de la imagen y la labor de los profesionales de la Documentación.

Foto: Alonso Lobato

eraser dijo
Me encantó el post
10 Septiembre 2007 | 09:32 AM