Patrones de consumo de información científica por parte de los investigadores
A la vuelta de este mes sabático bloguero (muy, muy sabático verano en nuestros biblioblogs, por cierto) uno se encuentra con un par de artículos que han causado bastante revuelo, y que han trascendido los límites propiamente dichos de la ByD, alcanzando resonancia e impacto global.
La prestigiosa Science publicó en julio un estudio de James Evans titulado Electronic Publication and the Narrowing of Science and Scholarship. El artículo, ampliamente comentado y debatido por los cauces habituales venía a concluir básicamente que, contra lo que podía pensarse, la mayor disponibilidad de revistas científicas online (tanto de pago como gratuitamente) provocaba un estrechamiento de la ciencia ya que los trabajos citados eran cada vez más recientes y de un menor número de revistas diferentes. Siguiendo con la argumentación del autor, esto limitaba la amplitud de miras de la comunidad científica, cada vez más tendente al consenso y menos a la discrepancia y a la búsqueda de puntos de vista "distintos" a los expuestos en las revistas de mayor difusión científica. Evans atribuye en parte este hecho a los diferentes patrones de búsqueda de la información científica (antes, en papel, en la biblioteca, de forma física; ahora online; a través de los recursos web) y en un post reciente también lo relaciona con la estupidización provocada por la fabulosa eficiencia de Google.
Por mi parte, yo pienso que la tendencia a la ultraespecialización en la mayor parte de las disciplinas científicas y la hiperbundancia informativa que puede conducir a la infoxicación, provoca una tendencia lógica en el investigador, que es el de refugiarse en las revistas ya conocidas (el core de la disciplina) ampliando ocasionalmente con alguna referencia extraida de otras fuentes. Por otra parte, el hecho de que la ciencia sea una actividad globalizada, en la que cada vez se cuentan con mas herramientas para determinar (sin necesidad de leer el artículo) la valía de lo allí expuesto podría dar algunas pistas más que explicaran los resultados y esa aparente paradoja en los recursos informativos manejados por los investigadores.
El segundo de los artículos que está llevando a una amplia conversación es Open access publishing, article downloads, and citations: randomised controlled trial, de Davis et al y publicado esta semana en el BMJ. Los autores encuentran, que pese a las evidencias encontradas previamente en la literatura científica, los artículos publicados bajo la modalidad de open access NO son más citados que los publicados bajo el modelo de suscripción. Por contra, los artículos en open access sí son más leídos (o al menos, descargados) que el resto. En la propia sección de Rapid Responses bajo el artículo, se discute y se tira con flecha a la metodología usada por los autores, sobretodo por parte de Harnad y de Eysenbach (que también se tiran dardos entre sí) en un buen ejercicio de transparencia y de crítica pública muy al estilo 2.0, aunque uno se pregunta hasta que punto esa crítica no es rivalidad malsana impulsada por motivos ideológicos más que por cuestiones científicas.
En definitiva, dos lecturas vacacionales de amplia repercusión que proponen nuevas cuestiones y arrojan más datos para el estudio y análisis dentro de los amplios dominios de la publicación científica sobre temas de máxima actualidad como son los patrones de consumo de información por parte de la comunidad científica y el acceso abierto a los resultados de investigación. Buen alimento para ponernos de nuevo en marcha.


Foto: Alonso Lobato

Álvaro Roldán dijo
Yo creo que estamos en un período de transición.
Hasta hace bien poco uno acudía a su biblioteca porque era la única manera de acceder a los artículos que le interesaban. Pedía la ayuda del bibliotecario. Éste le proporcionaba un listado rebosante de información y pedía a otras bibliotecas un buen número de artículos no disponibles en la propia. ¿Cómo no citar aquellos artículos que tanto había costado obtener?
Ahora tenemos acceso instantaneo desde nuestro despacho a un buen número de artículos a través de los propios autores, de revistas gratuitas y de numerosas revistas a las que nuestra institución se suscribe y a las que accedemos por reconocimiento de IP, sin necesidad de contraseñas ni otras historias. Es decir, tenemos un gran número de referencias a dos clicks de ratón. Estando tan fácil ese acceso, muy importante tiene que ser un artículo para que nos preocupemos de acceder a esa revista que nos pide contraseña, así que mucho más importante tiene que ser para que nos movamos del despacho para ir a la biblioteca a leer el artículo en papel que allí se deposita o para solicitar que nos localicen ese otro que hay que pedir fuera.
Ya salvo que sea una referencia imprescindible no nos movemos del sillón. Pero esto es un período de transición, porque antes o después nuestras bibliotecas acabarán poniendonos fácil el acceso a eso que ahora mismo no es tan fácil acceder. Igual es una visión un tanto simplista la mía, pero yo es lo que hago. Leo EPI porque lo tengo fácil. Leo sólo algunos artículos de la REDC porque no lo tengo tan fácil. Leo Scientometrics porque lo tengo fácil. No leo apenas nada de Informetrics porque no lo tengo nada fácil. Y si cuentas las referencias en Bibliometría.com inévitablemente esto queda patente. Yo creo que es más un problema de accesibilidad que de otra cosa.
19 Agosto 2008 | 11:26 AM