La actividad científica es una de esas pocas actividades que hasta fechas recientes no parece haber tomado conciencia de la aparición de la web 2.0. Los métodos de trabajo, los canales de difusión, la forma de evaluarla,... El lugar de intercambio de conocimiento científico ha sido tradicionalmente (después de las comunicaciones epistolares) los congresos y reuniones y las revistas científicas. Sin embargo, en los últimos meses ha habido interesantes avances que pueden marcar el inicio de un cambio de mentalidad, de un giro cómplice a las nuevas formas de comunicación, a una ciencia más abierta y participativa.

La proliferación de redes sociales dirigidas a científicos, algunas establecidas con sustanciales inversiones económicas, señalan que las empresas ya han puesto sus ojos en este nicho de mercado. Las multinacionales de la publicación científica no se han quedado atrás. Springer, Elsevier o Nature intentan de un modo u otro liberarse del sambenito de malvados por no poner en acceso abierto los contenidos de sus revistas a través del lanzamiento de herramientas colaborativas o del patrocinio de sistios web de carácter social.

Quizá la ciencia 2.0 que preconiza Schneiderman [pdf] no sea más que un alegato utópico de científico chiflado, pero podemos encontrar algunos síntomas de apertura a tener en cuenta. El más importante es la reciente decisión de Medline, la base de datos biomédica más importante del mundo, alimentada por la National Library of Medicine (NLM) norteamericana de incluir en su índice una revista que no se lee, sino una revista que se ve y se escucha, una video-revista. JoVE, o sea, Journal of Visualized Experiments es una revista científica, sólo que en vez de publicar largos y farragosos artículos de biología, transmite los experimentos en vídeo. Ahora la NLM le da el marchamo de calidad a sus publicaciones e institucionaliza en cierto modo esta nueva forma de transmisión de la actividad científica.

En España, en 2009 tendremos una nueva Ley de la Ciencia. Actualmente está en fase de debate y discusión. ¿Será un debate público? De momento, el Ministerio de Ciencia e Innovación ha establecido un blog a través del que seguir el debate y en el que participar con comentarios y sugerencias, lo cual no deja de ser una iniciativa innovadora, y veremos si también fructífera. Algunos especulan con que puede ser la primera ley 2.0.

En definitiva, quizá sean movimientos tímidos e iniciativas muy sectoriales y con baja participación, pero es posible que algo esté moviéndose en los cimientos de la ciencia. Lo veremos en los próximos años.