Igual que para las revistas científicas es un logro ser indizadas en el ISI, y recibir su factor de impacto por parte de Thomson Reuters, debería ser un fracaso que las echaran. Peor si es por hacer trampas.

Parece que Thomson comienza a estar ya un poco cansado de las críticas a su indicador estrella, el factor de impacto (FI). Su responsable, James Testa, escribía esta semana a Nature defendiendose de las últimas acusaciones en las que se exponía el caso de las revistas que aumentan de forma artificial su factor de impacto citándose extraordinariamente por encima de los promedios normales. Testa recordaba que Thomson penaliza estas prácticas, y así en la última edición de los JCR 9 revistas han sido expulsadas, por emitirse a sí mismas más de un 90% de citas. Entre ellas hay una española, Boletin de la Sociedad Española de Ceramica y Vidrio. Será interesante ver ahora, con el tropel de nuevas revistas de alcance local que recibirán su FI en los próximos años si Thomson cumple lo que dice, y castiga a las revistas con altos porcentajes de autocita (porque si castiga más de la cuenta, bajan los ceros de su cuenta de ingresos).

La autocita es una práctica lógica y perfectamente aceptable hasta ciertos umbrales. Es normal referirse a los trabajos previos de uno mismo o a otras investigaciones publicadas en la misma revista (máxime cuando son revistas muy especializadas), sin embargo, más allá, la cosa empieza a oler mal. En ocasiones es la propia revista la que sugiere trabajos previos para su citación, o directamente introducen la cita en el artículo, sin permiso del autor, en una práctica tan detestable como falta de ética. Francis nos cuenta el caso de Folia Phoniatrica et Logopaedica, donde en un sólo artículo citaron todos los que la propia revista había pulicado en los dos años anteriores (los que cuentan en el cálculo del FI), en una acción mitad cínica, mitad provocadora. Otra revista, en este caso española, International Journal of Clinical Health Psychology practica otro tipo de ingeniería del factor de impacto, igualmente reprobable.

Puede parecer una tontería, pero las críticas que se oyen a menudo no son (o no deberían ser) al indicador en sí, sino al uso que se hace de él. Los coches sirven para trasladarse de un lugar a otro, ir al trabajo, viajar,...pero también podrían ser usados para atropellar a gente en los pasos de cebra. No por eso están prohibidos ni dejan de usarse. Lo mismo pasa con el FI, en buenas manos, ningún investigador debería temerle. Sin embargo, el problema es que los responsables científicos a veces no son buenas manos, precisamente, y usan este indicador para lo que no sirve...

[vía]