Ránkings de universidades
De vez en cuando, los gestores de las universidades se desayunan con noticias de su institución que les ponen los pelos de punta o bien les engordan el ego hasta puntos insospechados. Ese día los periodicos comentan que la universidad x aparece en el puesto n en el ránking y elaborado por z. De la variable n depende la (des)dicha de cada cual.
Esta semana que acaba ha sido una de esas, ya que han coincidido varias noticias relativas a la calidad de las universidades y a su ordenación según unos parámetros más o menos discutibles. En concreto, varios periódicos se han hecho eco del artículo Ranking de 2008 en productividad en investigación de las universidades públicas españolas, de Buela-Casal et al [noticia, texto completo del artículo] que sitúa en primera posición a la sevillana Pablo de Olavide y que coloca a prestigiosas universidades como la Politécnica de Madrid casi al final de la clasificación.
Casi al mismo tiempo aparecía esta semana la noticia de que el Ministerio de Ciencia e Innovación daba luz verde a un ránking oficial de universidades que pretende fomentar la competitividad y mejorar la calidad de las mismas. Como complemento a la noticia, mi apreciado Elías Sanz comentaba en El Mundo las importantes implicaciones de dichas herramientas en la política universitaria y advertía sobre las metodologías usadas para su confección.
Igualmente, la actualización del ránking webométrico de universidades que periódicamente elabora el Laboratorio de Cibermetría liderado por Isidro Aguillo ha sido noticia en varios medios, destacándose el hecho de que cuatro españolas aparezcan entre las 200 con más visibilidad web del mundo (UCM, UB, UGR y UAB). En el caso concreto de Granada, su gabinete de comunicación destacaba que la UGR entraba en la Champions League de las universidades.
Yo he de reconocer que me gustan los ránkings. Más allá de las debilidades metodológicas que se puedan detectar en estos estudios, es importante destacar que el mensaje que al final llega al ciudadano es muy directo y potente. Estos datos son una mina de oro para una institución que sepa venderse y posicionarse bien en el mercado educativo.
Y me gustan sobretodo por las implicaciones que se derivan de ellos. No hay que pasar por alto el hecho de que cada vez más las universidades se financian en función de unos criterios y unos objetivos concretos. Estos ránkings pueden estimular una política de mejora continua y de evaluación por objetivos (efectos positivos), pero también puede generar efectos indeseados como que los ricos se hagan más ricos, y los pobres, más pobres. Ante esto, ¿qué harán los pobres (las universidades pequeñas o de poca calidad), intentarán competir con los ricos, tenderán a la especialización, desaparecerán universidades, habrá reagrupamientos, montarán sus propios ránkings, tendremos ránkings de ránkings?
En definitiva, estas herramientas son una oportunidad y una amenaza. Ojalá que quienes toman las decisiones sepan interpretar lo que estos ránkings nos dicen, en beneficio de la calidad de la universidad pública. Si no, pueden ser más peligrosos que un mono con dos pistolas bien cargadas.


Foto: Alonso Lobato

Rafael dijo
He disfrutado leyendo este artículo. Todo un ejemplo de como comentar datos cuantitativos de una forma entretenida. Un saludo.
2 Marzo 2009 | 01:17 PM