Puntos de acceso a la información: el fin de la propiedad y el ascenso de los repositorios
Quizá una de las discusiones más interesantes alrededor de los bienes de consumo culturales y científicos sea el debate sobre el acceso y la propiedad. El jefe de Spotify, el último bombazo de la 2.0 lo comentaba en una reciente entrevista. Si dispongo de un acceso de calidad a los productos y servicios que quiero usar, ¿pará qué necesito almacenarlo en algún dispositivo de mi propiedad?
Efectivamente, esto ya es así en el mundo de la información. Nos hemos acostumbrado a acceder online a multitud de servicios y aplicaciones (la famosa nube), tanto que muchas veces la recuperación de información pertinente es mucho más fácil en la web que en nuestros propios sistemas de almacenamiento. Esto es así por dos razones: porque los buscadores en la web (léase Google) son más potentes, intituitivos y fáciles de usar que las herramientas de la mayoría de sistemas operativos, y porque además en la web solemos disponer de varios puntos de aceso para alcanzar la información que requerimos. Pongamos el ejemplo de un artículo científico; nosotros lo almacenamos en algún lugar de nuestro disco duro, pero en Internet podemos encontrar el mismo documento en la web de la revista, en un repositorio institucional, en la web del autor,...es decir, múltiples vías de acceso a la misma información.
Ofrecer varias vías para acceder a la información deriva finalmente en un mayor uso de ella, lo cual a su vez genera mayor visibilidad para los materiales y mayor reconocimiento para los autores. Los músicos usan MySpace para colgar sus obras, los investigadores los repositorios en acceso abierto para facilitar el uso de sus investigaciones. Esto puede derivar, en el caso del músico en la grabación de discos o la invitación a ofrecer conciertos mientras que al investigador le genera oportunidades para impartir cursos, ser invitado a conferencias, establecer colaboraciones y aumentar el impacto de sus investigaciones.
Con esta situación, es de agradecer que el borrador de la nueva Ley de la Ciencia dedique un apartado al establecimiento de políticas para hacer públicas las investigaciones financiadas con fondos estatales y que fomente la creación de repositorios en acceso abierto. Algunas instituciones han tomado la delantera, y esta misma semana la Universidad de Murcia (Digitum) y la de Salamanca (Gredos) han presentado sus plataformas para la difusión de su material investigador y docente. Presumo que, si el Ministerio sigue con sus planes, en los próximos meses los depósitos institucionales no serán un servicio de valor añadido, sino una necesidad inaplazable para todas las instituciones que se dedican a la investigación.
Sin la implicación de las altas instancias institucionales estas iniciativas están abocadas a un rinconcito (sin luz) del entramado de la organización. Por eso creo que estos productos no deben liderarse desde las bibliotecas (por su falta de influencia y nula capacidad de liderazgo en las instituciones), aunque el concurso de su personal sí es imprescindible para marcar las directrices técnicas del proyecto.
Se presenta un panorama muy esperanzador para este tipo de servicios, veamos cómo se desarrollan en los próximos meses.


Foto: Alonso Lobato

gamoia dijo
Caramba! yo diría que la biblioteca puede aportar bastante más que las directrices técnicas del repositorio institucional, desde la plataforma hasta la gestión cotidiana y la política de preservación. Pero estoy de acuerdo contigo en que el liderazgo debe ser asumido por un miembro de las altas instancias de la institución, a riesgo de pasar desapercibido en caso contrario.
7 Marzo 2009 | 07:04 PM