Esta es poco más o menos la propuesta que nos hace el Instituto Cervantes en su última obra, El español: lengua para la ciencia y la tecnología una recomendación cuanto menos inquietante para un científico (noticia en Público; nota de prensa en SINC).

La premisa de partida es que el español es un idioma infrarrepresentado en materia de ciencia y tecnología por lo que se hace necesario fomentar y estimular la publicación científica en este idioma. Los autores además no sólo recomiendan que se publique en español, sino que además aconsejan que se cite a los investigadores españoles que publican en el mismo idioma. Dice la coordinadora de la obra, Verónica Vivancos que debería estimularse el compañerismo entre los científicos españoles para que sus obras tengan más relevancia. Ahí queda eso.

No creo que sea muy científico eso de citar a la gente según el país del que provenga o el idioma de lo que escribe; pero igual estoy equivocado. Según otra autora, Montaña Cámara, la sociedad sólo lee en español y, para que el país avance, se debe producir en español, pero esto no se valora, por lo que propone la creación de... ¡un índice de impacto! internacional, alternativo al famoso ISI, de Thomson Reuters, ese no vale porque la mayoría de las revistas están escritas en inglés.

Es falso que no se valore la publicación en español. Se valora en las disciplinas con un patrón de publicación nacional, pero, claro, no se valora igual publicar en el boletín del barrio que en una revista que cumple ciertos criterios de calidad. Hay varios índices de impacto y bases de datos que ordenan revistas según sus criterios de calidad: IN-RECS; IN-RECJ; DICE, RESH,...Eso lo saben ya todos los investigadores españoles (al menos los investigadores que investigan) y se las tienen que ver con algunas de las agencias evaluadoras como ANECA o CNEAI (puedes echar un vistazo a los criterios que usan en sus evaluaciones). Incluso hay listados internacionales alternativos al ISI que pretenden reconocer la calidad de las publicaciones locales en Humanidades, como ERIH o este nuevo proyecto multinacional, liderado por Ben Martin.

No sé si el índice que proponen los autores sería aplicable a todos los campos del saber. Igual habría que preguntarle a médicos, químicos, matemáticos o biólogos que piensan de ello; si les apetecería publicar sus mejores artículos en español, para que sólo lo pudieran leer los castellanoparlantes, y además según la misma lógica, que los autores alemanes publicaran en alemán, o los suecos en su lengua materna, seguro que la ciencia avanzaba mucho más rápido.

En fin, no dudo que la ciencia en español deba tener más visibilidad de la que tiene; la mejora de la calidad de las revistas españolas, junto al fomento de la publicación electrónica de las mismas y el establecimiento de políticas open access son excelentes medidas a fomentar, muy alejadas del provincianismo de las opciones que proponen los autores de la obra (o al menos de las que se ha hecho eco la prensa; no he podido leer el libro, no está disponible para su consulta y descarga a través de la web).

--- Martinej en La ciencia en castellano da una visión muy acertada, histórica y complementaria del asunto, con atención al tema de la lingua franca de la ciencia.